martes, mayo 05, 2020

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Como parte del testimonio del Señor para este tiempo, vemos con claridad el cumplimiento de Joel 2:28-29: “Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días.” Por lo cual, comparto con ustedes la revelación que tuve; la cual, fue como sigue. Durante la madrugada del día 15 de noviembre de 2016, a eso de las 4:00 a.m., vi que caminaba por mi lugar de trabajo, dando una ronda preventiva según las funciones de mi puesto, cuando distinguí allí un hermano en la fe que hace tiempo no veía y noté que llevaba puesto un polo con un logo en el lado derecho del pecho, que leía: “Capellán”. El hermano en cuestión desapareció; entonces me encontré detenido frente a uno de los edificios de mi lugar de trabajo y desde allí levanté mi mirada entre dos edificios de dicho lugar, donde el cielo de esa mañana era totalmente azul y sin nubes. 

Repentinamente, el cielo se abrió y pude ver al Señor Jesús montado sobre un caballo blanco, con vestidura blanca y una corona sobre su cabeza. Detrás de él y a sus lados, una multitud con vestiduras blancas que cabalgaban sobre caballos blancos resplandecientes. Cuando vi esta escena, el Espíritu vino sobre mí y hablé en otras lenguas y con mi entendimiento. Entonces, señalé hacia esa dirección y expresé con mis labios que el Señor estaba descendiendo y era tiempo de su venida. Continué mi ronda por el área laboral, y vi a la pastora donde me formé, espiritualmente, junto a unos hermanos de su congregación.

Luego vi, nuevamente, al hermano de mi relato anterior; al cual, llamé por su nombre. Éste se acercó a donde yo estaba y le dialogué sobre cómo lo había visto minutos antes allí, vistiendo un polo con el logo de capellán en el lado derecho. Cuando este oyó lo que le dije, sus ojos se humedecieron en lágrimas. Y, alabando a Dios, comenzó a caminar en dirección de los dos edificios por donde había visto al Señor minutos atrás. Súbitamente, el cielo se abrió nuevamente, y apareció el Señor Jesús con vestidura blanca, montado sobre un caballo blanco y una corona de oro sobre su cabeza y detrás y a los lados de éste, una multitud con vestiduras blancas que cabalgaba sobre caballos blancos. El hermano vio esa escena y bajo la unción del Espíritu Santo señaló hacia ella y expresó: ¡El Señor viene, ya está descendiendo!

Me mantuve parado en mi lugar contemplando aquel acontecimiento. Sentí el poder de Dios que me cubrió y me hizo llorar. 

“Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea.” (Apocalipsis 19:11) Como creyentes en Cristo y parte de la generación que no pasará hasta que todo esto acontezca (Mat. 24:33-34), entendemos que, el tiempo de la venida del Señor es en breve (Apoc. 22:20) y nuestra esperanza gloriosa es poder participar del arrebatamiento de los Santos (1ra Tes. 4:15-17). Es mi convicción y espero que también sea la suya, amado lector. ¡Dios le bendiga!

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